¿Estar abajo en la escala social te enferma?
El que está abajo vive peor y enferma más: es lo que toca.
Es verdad que, en promedio, estar más abajo se asocia con peor salud, en monos y en personas. Pero el rango no es un destino: depende de cómo esté organizado el grupo, y en personas pesa también cómo cada uno ve su propio lugar.
Desde los años sesenta se ha seguido a miles de funcionarios públicos de Londres, en los llamados estudios Whitehall. Todos trabajaban en oficinas y tenían acceso a la sanidad pública. Aun así, en el primer estudio, con más de 17.000 hombres, los de los puestos más bajos tuvieron entre 3 y 6 veces más muertes por enfermedad del corazón que los de los puestos más altos. El tabaco, la presión arterial o el colesterol explicaban solo una parte de esa diferencia.
En el segundo estudio, con más de 5.000 funcionarios, se les pidió que se colocaran en el peldaño de una escalera dibujada según su posición social. Ese lugar que cada uno se daba predijo cómo cambiaba su salud mejor que su educación o sus ingresos.
El neurocientífico Robert Sapolsky estudió durante décadas babuinos salvajes en Kenia. En las tropas habituales, los machos de rango bajo tenían más alta la hormona del estrés. En una de ellas, a mediados de los ochenta, los machos más agresivos murieron de tuberculosis tras comer carne contaminada en el basurero de un hotel. La tropa quedó más tranquila y con más contacto entre sus miembros, y los de rango bajo dejaron de tener la hormona del estrés elevada. Años después, cuando ya no quedaba ninguno de aquellos machos, los que llegaron de fuera adoptaron la misma forma de convivir.