¿Cuanta más empatía, más ayudas?
Hay que ser empático: cuanto más sientes el dolor del otro, mejor persona eres y más ayudas.
Conectar con lo que siente otra persona es valioso, pero sentir su dolor como si fuera tuyo no siempre lleva a ayudar. Cuando ese malestar es muy intenso, puede volverse un problema propio y empujar a alejarse. Los estudios distinguen dos cosas: la empatía, que es compartir lo que el otro siente, y la compasión, que es querer su bien y actuar sin cargar con todo su dolor.
En un experimento de 2014, un grupo de adultos practicó primero empatía: tratar de sentir con la mayor intensidad posible el sufrimiento de otros. Al ver vídeos de personas sufriendo, aumentaron sus emociones negativas y la actividad de zonas del cerebro que también responden al dolor propio, como la ínsula. Después practicaron compasión: desear el bien del otro. Las emociones negativas bajaron, subieron las positivas y se activó una red distinta, relacionada con el vínculo y la recompensa.
En otro estudio, del mismo grupo de investigación, quienes hicieron un entrenamiento breve en compasión ayudaron más a un desconocido en un juego de ordenador que quienes entrenaron la memoria. No es una prueba en la vida real, pero apunta en la misma dirección.