¿Hay una «epidemia» de autismo?
Antes casi no había autismo y ahora uno de cada treinta niños lo tiene. Algo está provocando una epidemia.
Es cierto que cada vez se diagnostica más autismo. Pero la mayor parte de ese aumento se explica porque hoy se busca, se define y se detecta de otra manera. Si además hay más casos reales, sería una parte pequeña, y no se ha demostrado que exista una causa nueva.
En Estados Unidos, en 2022, 1 de cada 31 niños de 8 años tenía un diagnóstico de trastorno del espectro autista. En el año 2000 era 1 de cada 150. La cifra cambia mucho según el lugar: dentro del mismo país, de 1 de cada 100 en una zona de Texas a 1 de cada 19 en California. Esa diferencia ya dice algo: depende mucho de cómo y cuánto se diagnostica en cada sitio.
Cambió la definición. Desde 2013, el autismo, el síndrome de Asperger y otros diagnósticos se agrupan en un solo «espectro», que incluye a personas con rasgos más leves que antes no entraban.
Se detecta mejor y antes, y en grupos que antes quedaban fuera: en Estados Unidos, la diferencia entre niños blancos y de otros orígenes se ha invertido, y la diferencia entre niños y niñas se ha reducido.
Se cambió cómo se contaba. En Dinamarca, un estudio con casi 680.000 personas calculó que 6 de cada 10 diagnósticos de más se explicaban solo por dos cambios: nuevos criterios y empezar a contar los diagnósticos hechos en consulta externa.
Un estudio con más de 2 millones de niños de cinco países estimó que alrededor de 8 de cada 10 partes del riesgo se deben a factores genéticos heredados. El resto incluye cambios genéticos nuevos y factores del embarazo que se siguen estudiando. Pero los genes no cambian en veinte años, así que no explican el aumento: lo que cambió fue sobre todo la forma de mirar.