¿Dormir poco cambia las decisiones que tomas al día siguiente?
Dormí poco, pero estoy bien: a mí no me afecta.
Dormir poco no solo da sueño: en el laboratorio cambia cómo pesamos ganancias y pérdidas, cómo reaccionamos a lo negativo y qué nos apetece. Y lo más curioso: cuando la falta de sueño se acumula, el rendimiento sigue bajando mientras uno se siente casi igual.
En un estudio de 2011, 29 adultos jóvenes tomaron decisiones con dinero dos veces: tras una noche normal y tras una noche sin dormir. Sin dormir, se fijaron más en lo que podían ganar y menos en lo que podían perder, y el escáner mostró el mismo cambio en las zonas que valoran unas y otras. No le pasó a todos por igual.
En otro experimento, 26 adultos vieron imágenes desagradables después de dormir bien o tras unas 35 horas despiertos. Sin dormir, la amígdala, una zona que reacciona ante lo que parece amenaza, respondió más de un 60 % más, y estaba menos conectada con la parte de la corteza que normalmente la regula.
Tras una noche sin dormir, 23 adultos jóvenes encontraron más apetecibles los alimentos muy calóricos. En su cerebro bajó la actividad de zonas frontales que intervienen al evaluar opciones.
En un estudio de 2003, 48 adultos pasaron dos semanas durmiendo 8, 6 o 4 horas, y otro grupo estuvo tres noches sin dormir. Con 6 horas cada noche, a las dos semanas rendían como tras una noche entera sin dormir en atención y memoria de trabajo. Pero su sensación de sueño casi no subió después de los primeros días: el cansancio que notaban se quedó corto frente a lo que medían las pruebas.