¿Tus recuerdos son una grabación de lo que pasó?
Lo recuerdo perfectamente: es como si lo estuviera viendo.
La memoria no funciona como una cámara. Cada vez que recuerdas algo, el cerebro vuelve a armar el recuerdo con las piezas que guardó y con lo que sabe o espera. Lo general suele mantenerse; los detalles pueden cambiar sin que lo notes.
En un experimento clásico de 1974, unos estudiantes vieron el video de un choque entre dos autos. Luego se les preguntó a qué velocidad iban. A quienes se les preguntó cuando los autos «se estrellaron» calcularon más velocidad que a quienes se les preguntó cuando «se golpearon». Una semana después, uno de cada tres del grupo de «se estrellaron» recordaba cristales rotos, que no aparecían en el video; en el otro grupo, uno de cada siete.
El 12 de septiembre de 2001, 54 universitarios escribieron cómo se habían enterado de los atentados del día anterior, y también un recuerdo corriente de esos días. Semanas o meses después volvieron a contarlos. Los dos recuerdos cambiaron por igual, pero solo en el del 11 de septiembre siguieron sintiéndose igual de seguros y con la imagen igual de viva. La emoción hace que un recuerdo se sienta exacto; no lo hace más exacto.
Recordar el pasado e imaginar el futuro usan buena parte de las mismas zonas del cerebro. Una propuesta con bastante apoyo es que la memoria guarda piezas que se pueden recombinar, porque eso sirve para imaginar lo que viene y planificar. El precio de esa flexibilidad es que, al recordar, también se puede recombinar de más.