¿Hace falta tener ganas para empezar?
«No esperes a tener ganas: actúa, y las ganas vendrán.» El consejo se repite en el deporte, en la autoayuda y en entrevistas muy vistas. Una parte está bien comprobada; otra es una explicación atractiva que va más lejos que los datos.
La repetición cambia de dónde sale la conducta. Cuando repites algo en el mismo lugar o a la misma hora, el cerebro asocia esa situación con esa acción. Con el tiempo, la situación basta para ponerla en marcha y ya no hace falta decidirlo cada vez. Una gran revisión sobre el hábito lo resume así: cuanto más fuerte es un hábito, menos pesan las intenciones. Y con estrés o con poca energía para decidir, lo que hacemos es justamente lo que ya tenemos como hábito, sea bueno o malo.
Tarda más de lo que se suele prometer. En un estudio con 96 voluntarios, cada persona eligió una conducta sencilla, como beber agua con el almuerzo o correr un rato antes de cenar, y la repitió a diario. En la mitad de los casos que se pudieron analizar bien, la conducta tardó unos 66 días o menos en salir casi sola, pero hubo desde 18 días hasta más de 200. Y un detalle que alivia: fallar un día suelto no estropeó el proceso.
Actuar primero también puede cambiar el ánimo. Aquí hay un respaldo serio, aunque en un terreno concreto. La activación conductual, que consiste en programar actividades y hacerlas aunque no haya ganas, es un tratamiento para la depresión que se hace con un profesional. Al reunir 26 ensayos con 1.524 personas, funcionó claramente mejor que los grupos de comparación. Eso no la convierte en una ley para todo: con agotamiento, una lesión o una ansiedad muy intensa, empujarse más no siempre es lo indicado.
Disfrutar el camino ayuda a no abandonar. En cinco estudios sobre propósitos de Año Nuevo, gimnasio, estudio y alimentación, lo que mejor predijo que la gente siguiera no fueron los beneficios a largo plazo, sino disfrutar la actividad mientras la hacía. Elegir un ejercicio que te guste, o ponerle música, no es hacer trampa: es parte del diseño.
Circula una explicación más llamativa: cada esfuerzo libera noradrenalina, un «contador» del tronco cerebral decide cuándo abandonamos y la dopamina lo reinicia para darnos más energía. El estudio en que se apoya existe y es muy bueno, pero se hizo con larvas de pez cebra nadando en realidad virtual. El «contador» no son neuronas, sino unas células de apoyo, los astrocitos, que van sumando los intentos que no sirven. Y el estudio no habla de dopamina. Muestra cómo un pez deja de nadar cuando nadar no sirve; pasar de ahí a cómo una persona termina una maratón o una carrera es otra cosa. La pregunta para cualquier estudio: ¿en quién se hizo?
«No necesitas sentirte preparado para empezar. Lo que sostiene una conducta no es una dosis de dopamina a voluntad: es repetirla en el mismo contexto el tiempo suficiente, casi siempre bastante más de 21 días, hasta que deja de depender de las ganas.»
No es una recomendación médica individual: si el desánimo dura semanas, habla con un profesional.