El león y la hipoteca
Una cebra perseguida por un león y una persona que no duerme pensando en la hipoteca activan el mismo sistema. La diferencia no está en el sistema: está en cuánto tiempo se queda encendido.
Cuando el león ataca, el cuerpo de la cebra libera adrenalina en segundos y cortisol en minutos. El corazón se acelera, sube la presión y llega energía rápida a los músculos. Al mismo tiempo, pone en pausa todo lo que no sirve para sobrevivir en ese instante: digerir, reparar tejidos, crecer. Si escapa, en poco tiempo el sistema se apaga y vuelve la calma.
Las personas podemos encender esa misma respuesta sin ningún león delante: basta con anticipar una amenaza, recordarla o imaginarla. Y podemos mantenerla encendida durante semanas, porque la hipoteca no se va corriendo.
Un sistema pensado para minutos, usado durante meses, deja huella. Los investigadores lo llaman carga alostática: el desgaste que acumula el cuerpo cuando la respuesta de estrés se activa demasiado a menudo, no se apaga o no se ajusta. Se ha asociado con la presión alta, peores defensas y peor sueño, entre otras cosas. Pero cuánto pesa en cada persona, y frente a otros factores, varía mucho.
«El estrés no es el enemigo. Lo que desgasta es la alarma que nunca se apaga.»