¿Dónde está de verdad lo cuántico en la medicina?
Si has tenido una resonancia magnética, la física cuántica ya trabajó para ti. No a través de la intención, sino de máquinas que se pueden medir, calibrar y comprobar.
La resonancia magnética. Los núcleos de hidrógeno del agua del cuerpo tienen una propiedad cuántica llamada espín, que los hace comportarse como diminutos imanes. Dentro del gran imán del equipo se ordenan; un pulso de radiofrecuencia los desordena y, al volver a su sitio, emiten una señal. Esa señal cambia según el tejido, y con ella se forma la imagen. No usa radiación ionizante. Detrás hay dos premios Nobel: uno en 1952, por la física de la resonancia nuclear, y otro en 2003, por convertirla en imágenes.
El PET. Se inyecta una sustancia, a menudo un azúcar marcado, que emite positrones: la antimateria del electrón. Cuando un positrón se encuentra con un electrón, los dos desaparecen y se convierten en dos rayos de luz de alta energía que salen en direcciones opuestas. El equipo los detecta y calcula de dónde vinieron. Así se ve qué zonas del cuerpo consumen más azúcar, algo útil, por ejemplo, para estudiar algunos tumores.
El láser y la radioterapia. El láser, que se usa en cirugía de los ojos y de la piel, existe porque los átomos absorben y emiten luz en paquetes de energía fija, como describe la física cuántica. La radioterapia y los rayos X dependen de cómo interactúan con la materia esas partículas de luz de alta energía.
«Lo cuántico ya cura y diagnostica. Lo hace con aparatos que se pueden comprobar.»